Breve historia de la pátina en el cuero
Desde hace siglos, el cuero teñido a mano es sinónimo de refinamiento artesanal. Heredero de un saber hacer ancestral, este proceso adquiere una nueva dimensión con las pátinas artificiales, que exigen un sentido artístico y un gran dominio de los materiales.
Los orígenes del teñido del cuero: el arte de la pátina
Ya en la Antigüedad, el hombre buscaba teñir el cuero para darle un aspecto más atractivo y personal. Pero, a lo largo de los siglos, algunos artesanos han sabido convertir este gesto en un auténtico lenguaje artístico.
Los primeros indicios de cuero teñido se remontan a las civilizaciones mesopotámicas, egipcias y romanas. En aquella época, se utilizaban pigmentos naturales a base de plantas, minerales o insectos para dar color a las pieles. El cuero se teñía principalmente por razones prácticas: para indicar un estatus social, reforzar la impermeabilidad o mejorar el aspecto de los objetos.
Sin embargo, el teñido solía ser uniforme y funcional. Habría que esperar siglos para que el cuero se convirtiera en un soporte de expresión tan rico como la madera, el metal o la tela.
El nacimiento de la pátina moderna: el legado de Berluti
El gran cambio se produjo en el siglo XX gracias a Olga Berluti, figura emblemática de la casa Berluti, fundada en 1895.
Al incorporarse a la empresa familiar, no se limita a perpetuar la tradición artesanal del calzado a medida, sino que le aporta una visión artística radicalmente nueva.
Es ella quien introduce el concepto de «patina» en el vocabulario del cuero de lujo. Inspirada en los muebles antiguos y en los objetos marcados por el paso del tiempo, imagina un cuero cuyo color ya no sea estático, sino vivo, profundo y matizado, con transparencias, sombras y destellos de luz.
Cada zapato se convierte en una obra única, pintada pacientemente a mano, a veces incluso con tintes que ella misma elabora. Hablaba de ese teñido como de una revelación, casi mística, «entre la mano del artesano y el alma del cuero».